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La campaña en Animal Político. Artículo del Progra...

La campaña en Animal Político. Artículo del Programa de Medio Ambiente de la Universidad Iberoamericana

Artículo sobre la campaña del Programa de Medio Ambiente de la UIA publicado en ANIMAL POLITICO

Ahora la disputa no es solo por la tierra o el agua
La Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra y el Territorio buscan posicionar en la agenda pública la defensa y el cuidado de la tierra y sus bienes naturales, ante la creciente ola de despojos y daños socioambientales provocados por el extractivismo voraz y los megaproyectos disfrazados de un discurso de progreso y desarrollo económico.

Programa de Medio Ambiente de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México

Con un acto en el monumento a la Revolución, el pasado 10 de abril arrancó la Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra y el Territorio. Con ésta, 179 comunidades, pueblos y barrios de ocho regiones del país, junto con actores de la academia, la vida religiosa y el medio artístico, buscan posicionar en la agenda pública la defensa y el cuidado de la tierra y sus bienes naturales ante la creciente ola de despojos y daños socioambientales provocados por el extractivismo voraz y los megaproyectos disfrazados de un discurso de progreso y desarrollo económico.

Esta campaña es resultado del acercamiento y la organización de diversas comunidades del país que por años han enfrentado distintas caras de un mismo fenómeno: el despojo de su territorio y la destrucción de las condiciones que les permiten recrear su vida y su cultura del mismo modo que las generaciones que las antecedieron. En la convocatoria a su campaña, se presentan como guardianes de los territorios, “porque desde tiempos inmemoriales la Madre Naturaleza nos ha dado vida a todos, por eso la queremos y respetamos”; a su vez se pronuncian preocupados porque “ahora la disputa no es sólo por la tierra o el agua, sino que ahora está en peligro la vida, la existencia de la naturaleza, toda nuestra madre tierra…”

La valoración de la que parten no está alejada de lo que diversos estudios a escala nacional e internacional señalan como llamados de urgencia para detener el ritmo de la degradación y depredación de los ecosistemas y su equilibrio. Ejemplos de ello son estas cifras compiladas en un estudio sobre salud ambiental del Instituto Nacional de Salud Pública:

  • 1 de cada 3 cuencas hidrográficas en México presentan una fuerte presión hídrica, debido a los asentamientos humanos y la actividad agrícola.
  • 53% de la población nacional vive en estas cuencas.
  • 73% de los cuerpos de agua están contaminados.
  • La concesión del territorio nacional a empresas mineras para la extracción de metales y minerales del subsuelo aumentó 53 % entre 2007 y 2012.

Las y los convocantes de este llamado a defender a la Madre Tierra están haciendo una apuesta por la vida, por una vida digna, acorde con su cultura e identidad y en la que se coexista en paz, esa paz que tanto urge en México.

Y es que en nuestro país actualmente vivimos un contexto de conflicto, una situación compleja que nos sigue siendo difícil comprender y nombrar. Dolores González Saravia, en su esclarecedor artículo “México: crisis y caminos de paz”, describe cómo esta situación problemática en la que se encuentra inmerso nuestro país resulta de un entramado de conflictos en los que el territorio y los bienes naturales constituyen un elemento fundamental.

González Saravia afirma que nos encaminamos hacia una catástrofe ecológica provocada por la contradicción capital – naturaleza, en la que se prioriza la ganancia económica en la explotación de la naturaleza y el reordenamiento del uso y posesión de los territorios. Esta contradicción y su conflictividad por despojo de bienes naturales viola los derechos colectivos de las comunidades al impedirles decidir sobre el modo en que quieren habitar sus territorios y a su vez, atropella los derechos individuales de quienes intentan defender sus modos de vida y sus territorios, al criminalizar y perseguir sus actividades.

Es preocupante constatar como en muchos de los casos de despojo y violaciones a los derechos individuales y colectivos, el Estado y los diferentes órdenes de gobierno, se posicionan del lado de los perpetradores convirtiéndose en cómplices de estas agresiones. Un ejemplo de ello es el encarcelamiento, con procesos amañados, de líderes comunitarios para frenar sus movimientos en defensa del territorio y los bienes naturales, como en los casos de Nestora Salgado en Guerrero, Ildefonso Zamora en el Estado de México y Mario Luna en Sonora.

Otro ejemplo muy fresco es el ocurrido el 11 de abril (justo un día después del lanzamiento de la campaña) en Xochicuautla, Estado de México, donde en un operativo conjunto, la maquinaria y trabajadores del grupo HIGA (famoso por los casos de la Casa Blanca y recientemente señalado en los Panama Papers), auxiliados por cerca de 800 granaderos violaron amparos y suspensiones legales que protegían a los defensores de la tierra y el bosque. En el “operativo” no solamente desmantelaron el campamento que resguardaba el acceso al paraje forestal, sino que incluso golpearon a los pobladores y demolieron la casa de uno de sus líderes. Así es de claro el mensaje de la constructora en contubernio con la fuerza pública: la carretera Toluca-Naucalpan se construye cueste lo que cueste.

A esta panorámica, habría además que añadir el anuncio de la próxima creación de la “Gendarmería Ambiental”, un cuerpo de la Policía Federal que se especializaría en “garantizar, restablecer y mantener el orden y la paz públicas” en Áreas Naturales Protegidas y otros sitios estratégicos como presas, embalses y cauces de ríos. Dada la tendencia represiva de las administraciones recientes cabe preguntarse qué estarán entendiendo por este restablecimiento del orden ¿No se tratará de una estrategia para “pacificar” a quienes defienden su territorio de los embates del extractivismo?

Ante estos hechos se vuelve aún más importante que desde los distintos ámbitos de la sociedad civil le otorguemos su justa dimensión a este eje de la crisis que enfrenta nuestro país. Toda afectación socioambiental repercute en el entorno que compartimos y en la calidad de nuestras relaciones sociales. No son casos aislados, no son impactos que nos puedan ser ajenos. La destrucción del Bosque Otomí-Mexica, por ejemplo, traerá consecuencias prontas en la captación de agua para recargar los mantos acuíferos de la ciudad de México.

Podemos sumarnos a los esfuerzos de la Campaña Nacional, siguiendo sus cuentas en redes sociales, difundiendo sus comunicados y pronunciamientos, y estando alertas a sus llamados y convocatorias. Si no nombramos y visibilizamos los distintos aspectos de esta crisis, no podremos evitar el tenebroso panorama futuro.

 

* Programa de Medio Ambiente (@IberoAmbiente) Universidad Iberoamericana Ciudad de México facebook.com/ibero.verde

 

 


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